Todavía voy por la calle con esa sensación de incertidumbre y miedo, causa mucho estrés salir y pensar que puedes volver enfermo y contagiar a la gente querida en tu casa.

Salí por obligación, era importante. Casi y que dejo la mascarilla, me devuelvo maldiciendo el hecho de que tengo que hacerlo. Uno no se adapta a este asunto de tener que estar escondido para cuidarse.

Cuando veo los números del alcance del Covid-19 en el país y los vídeos de la cantidad de gente en la calle sin necesidad, en cherchas y haciéndose uno con la irresponsabilidad, pienso en la pena y la falta de educación y conciencia que hay que tener para tales barbaries.

Ayer definitivamente no fue mi mejor día. Demasiadas cartas y cosas que te sacan de control. En uno de esos arranques pensé para mis adentros: ¿será está mi reacción real o está influenciada por la frustración de lo perdido y no valorado estos días? Te dejo esa pregunta.

Espero que tengas respuesta a las de la semana pasada, pueden servirte para descubrir el secreto de la existencias y entender el porqué las miserias de muchos y las bondades de otros, han alcanzado su punto tope en esta cuarentena, han acabado con ellos y con quienes dijeron querer.

Y por favor, quédate en casa.

Me despido,

Franco.

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