Desde el punto de vista de una madre que creció con lo que hoy considero un buen padre quiero hablarte sobre lo que para mi significa serlo.

¡Recuerdo yo estando muy pequeña a mi papa llevándome de la mano a buscar leche, recuerdo la lata verde que usábamos para extraer la leche, no!, no de vaca, era de chiva y podría dar risa esto verdad?, pero para mí eso fue algo totalmente normal en mi vida porque me lo enseñó mi papá.

También aparecen unos recuerdos por ahí en mi baúl inconsciente de unos títeres de cartón que bailaban y unas sillitas de palitos de paletas, no de madera, palitos de plástico quemados y unidos. Así me críe yo, con un papa que estudió muy poco, lo mínimo, pero que nos enseñó las tablas de multiplicar y nos obligaba hacer las tareas aun que no sabía de qué se tratase, nos enseñó valores, a no tomar lo ajeno, a respetar a los mayores.

Ese papá fuerte de carácter, pero débil y tierno como una seda, amoroso. Nunca me pegó, aunque perdía la paciencia muchas veces. Ese olor a café por la mañana y su voz que siempre decía lo mismo, “despierten que un madrugador encontró un talego” y esa es una traducción coloquial de lo que es un tesoro. ¡Me llevaba café con pan a la cama muchas de esas mañanas, si!, me enseñó eso también, a tomar café desde muy temprano, creo que desde que nací.

Ese que me hizo tantas casitas de sacos detrás de la casa para que pudiera jugar con mis primos, que me dio todo lo que pudo y un poco más. Que me decía al oído ‘’ten cuidado con esos muchachitos que solo quieren soplarte al oído’’ y yo no entendía a lo que se refería, pero mal interpretado hacia caso, tenía cuidado.

 

Quería protegerme porque el medio donde vivíamos no era lo que él quería para mí, ni para mis hermanos. Trató de sacarnos del campo en un intento fallido y tuvimos que regresar, pero nunca se dió por vencido y aun que no pudo protegerme de todos los peligros del ambiente, hizo mucho y estaré agradecida por la vida.

Aunque quizás muchas de mis lágrimas no las has podido ver por la distancia, sé que siempre cuento contigo, con tu hombro para llorar y tus ásperas manos de hombre trabajador para limpiar mi rostro, sé que ahí estas, que oras por mí, que te alegras por mis logros y éxitos, aunque no eres bueno con las palabras para expresarme lo que sientes, yo simplemente lo sé.

Papichi de mi alma, gracias!… por cada cosa que hiciste por mí, por no juzgarme, por ser paciente, por siempre brindarme una sonrisa y decirme te amo, te quiero mi niña, por estar presente. Eso es lo quedará en mi por el resto de mi existencia de lo que es ser padre, ser mi padre. Yo también pido a Dios por ti.

Contigo aprendí lo que paternidad responsable en todos los sentidos. Esa es mi definición personal y vivida de lo que es ser buen padre.

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