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Nuestra Travesía a Playa Blanca

Te contamos. Tomamos el atrevimiento de aventurarnos y conocer Playa Blanca, en Azua de Compostela. No eran las 8 de la mañana cuando alzamos el vuelo, gasolina y se encendieron los motores para arrancar esta travesía.

Ya sabíamos que no hay nada por ahí, porque es una playa hermosamente virgen del sur de nuestro país. Emprendimos la ruta y en menos de media hora ya nos encontrábamos en un parador en la provincia Peravia, a la entrada de Baní.

Un desayunito vino y fue, un mangucito, “longanice” y salsita pa’ entonar. Salimos a grabar y en medio de la lluvia, los mangos, el nublao’, la gente y la cámara.

Salimos de ahí en búsqueda de un cargador para nuestro amigo Yanka (que se me perdió como 20 veces en lo que pasaba el viaje), que era el más buscado. Pasamos en frente de la casa y museo de Simón Bolívar y contemplamos el hermoso flamboyán que adorna el frente, de ahí, se me ocurrió vocear y detener el vehículo en el mercado de Baní, para comprar y disfrutar de las arepas de mano, esas que solo hacen allá, con harina de maíz, coco, azúcar y cocidas al carbón o leña, “la tradición de Baní”, como me dijo la doña.

En lo que buscábamos a Yanka, foto y foto del grupito. Cogimos a comprar el armamento para el viaje, agua, hielo y demás, pa’ ponernos en ruta y con música encima, después de que mister Yanka empacó correcta y debidamente la bebida y el hielo. ¡Un experto el muchacho!

Una pista por aquí, sabana por allá, el mar por acullá y toda la vista de la zona a nuestro favor.

Llegamos a Playa Monte Río, donde pudimos observar uno que otro bañista y agradecimos haber ido con tenis y ropa cómoda. Detalle muy importante. El sol picaba, pero no estaba ahí, el calor era insaciable y nuestras gafas no eran

Nadelyn y Yanka de Travesía en Playa Monte Río.

 suficientes. Una parada en los botes de Monte Río, para hacer tomas y fotos, hablar con los pescadores y anotar que desde ahí se pueden alquilar botecitos hasta Playa Blanca.

Toma entre 10 y 15 minutos subir hasta la montañita, donde puedes dejar vehículo si deseas y ahí los resguardan unos militares.

Aquí empieza el trote, eso sí, se ve el afrodisiaco mar, las montañas, las nubes y parece una mentira. Un montaje natural.

Emprendimos con mochila al hombro, el camino montaña abajo, para llegar a Playa Blanca, ya se sentía la brisita de mar, bien saladita. Todo el camino fuimos dejándoles consejos para ir a este bello lugar. 

La zona está poblada por flora autóctona e imperante en esas zonas áridas, como cactos y uvas de playa. Pudimos observar el salitre que se forma en esos espacios y sentir las finas arenas antes de llegar allí.

Cuando llegamos, parecía una fotografía, digno de quedarse. Y pues, ¡soltamo’ to’ y pal’ agua everybody!

El mar, con la temperatura excelente y necesaria, no es hondo, no tiene piedras, se siente fina y es transparente el agua, conste, era un día húmedo y nublado pero se puede disfrutar de igual manera.

¡Pendiente!, regresaremos y queremos que vayas con nosotros a vivir esta aventura.

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