Ricardo Cañas
Ricardo Cañas

Existe un sin número de personas que no disfrutan de las fiestas navideñas, porque en su interior vinculan todo este ambiente festivo y familiar con situaciones de dolor del pasado. Es allí cuando vemos evidencia de una necesidad de sanar para poder ser libres y continuar con nuestra vida desde perspectivas diferentes.

A lo largo de la vida los seres humanos experimentamos muchos procesos que afectan las emociones, llegan momentos de la vida donde es difícil avanzar debido a “lastres” que llevamos por dentro vinculados a temas sin resolver, afectados por emociones y pensamientos tóxicos, aun sin darnos cuenta.

Les cuento una historia: conocí un jovencito que sus padres se divorciaron cuando él tenía 9 años, pasaba por una desagradable situación, como si fuera objeto de una rifa, se sorteaba con quien pasaría las vacaciones, si con papi o con mami, no tenía elección de donde o con quien estar, siendo hijo único y muy apegado a su madre, veía poco a su padre pues él vivía en otro país por asuntos de trabajo.

Cuando cumplió 18 años su madre se suicidó, por una decepción amorosa de su esposo, el padrastro del joven. Eso derrumbó su mundo, y esa muerte ocurrió en diciembre, un día después de su cumpleaños.

Se fue a vivir con su papá, las relaciones con él y su madrastra eran muy malas producto de su rebeldía, una actitud que provenía de un corazón lleno de odio hacia su padrastro, hacia la vida, hacia Dios. Al punto que después de 4 años comenzó a pensar en quitarse la vida, pero nunca lo hizo y pudo sobrepasar ese momento.

Ya hecho un hombre, tuvo su familia, pasó por 2 matrimonios y 2 divorcios. En su interior había algo que provocaba que no fuera feliz, porque dependía de otros para esto. Sufría de adicción a la aprobación, apegos insanos y codependencia emocional. ¿Qué hace una persona en una situación así? ¿Cómo puede salvar y recuperar su vida? ¿Cómo busca ayuda y de qué tipo?

A veces las crisis exprimen a las personas, y ante esas situaciones sale lo mejor o lo peor. En el caso de aquel joven, salía lo peor: ira, inconformidad, queja, envidia, necesidad de ser aprobado, tristeza. Pero llegó un momento de su vida en que buscó ayuda y fue confrontado. Ese día escuchó lo siguiente: “tienes toda tu vida haciendo de todo para ser feliz y no lo has logrado. Si continúas haciendo más, lograrás los mismos resultados. ¿Quieres continuar así? Es tiempo que dejes de “hacer” y comiences a “ser”. ¿Y cómo se lograba eso? Pues la única forma de “ser” es encontrando su identidad, quién es realmente esa persona, no lo que le han dicho, no sus errores, no sus heridas y fracasos, no los rechazos y traiciones que sufrió, porque lo que nos ocurre es que vemos las cosas como somos, no como son. Y cuando se ha sufrido se ven a través del lente del dolor y la falta de perdón.”

Era momento de descubrir quién era. Así que, con ayuda de un mentor, amigos, un coach, su terapeuta, pudo comenzar a redescubrir quién era él: un hombre capaz, buen papá, inteligente, amigo, ayudador, buen hijo, con todo lo necesario en su interior para ser exitoso y alcanzar sus metas. Le tomó varios años llegar a estar sano y perdonar todo lo que ocurrió, pero lo logró.

El resultado fue increíble: fue a visitar a su padre, ya anciano, que vivía en otro país con su esposa y hermanas de padre. Esa familia con la que nunca se llevó bien. El viaje lo realizó en una navidad. Y fue con la disposición de reconocer sus errores, de pedir perdón y de mostrar que era una persona diferente. Esa navidad la familia se reconcilió. La madrastra del protagonista de la historia y él se convirtieron en madre e hijo.

Un año y medio después de esa reconciliación, su padre falleció. Meses antes de partir llegó a expresar lo feliz que era y a darle las gracias a su hijo por provocar ese milagro y unir a la familia, y le dijo unas palabras que su hijo anhelaba y no había escuchado desde los 9 años en una competencia de natación: “estoy orgulloso de ti hijo, ¡Gracias!”.

Y así siguió avanzando, también se recuperó de su segundo divorcio, salió de su depresión, comenzó a impactar e influenciar las vidas de muchos a través de su trabajo, hablando con personas que pasaban procesos similares y pensaban que no había esperanza. No era cuestión de decirle a la gente lo que tenía que hacer, sino de contarle cómo él lo hizo y enseñar a otros a utilizar las herramientas que a él le fueron útiles, sobre todo el poder de la fe en acción.

Espero esta historia te haya inspirado. Es real, porque este hombre soy yo. Por cierto, escribo esto 2 días antes de mi cumpleaños y 36 años después de la muerte de mi madre. Hoy te digo: No estás solo, no te rindas, ¡se puede! Navidad es el color que tengas tu en el corazón, y si en ti vive el que le dio sentido a la navidad, ¡tu milagro está de camino!

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