¡Hey! Te vi ayer caminando casi corriendo como si la vida dependiera de ese segundo que «aprovechas». Después vi que casi te tragas el desayuno por esa prisa que llevabas, más tarde ni comiste… bueno, fue más merienda que almuerzo con tanto que hiciste.

Repito: tienes que bajarle dos rayitas a tu intensidad. Entiendo que te exiges demasiado y que vives el «puede ser mejor», pero en ese ajetreo de vida que traes, no te estás dando cuenta de las cosas realmente importantes ni de los valiosos momentos que te pierdes entre trabajo y responsabilidades que «más nadie puede hacer».

Entiendo, sí. Sientes que te ahogas, que tienes muchas cosas juntas y quieres cumplir con todas al mismo tiempo, pero lastimosamente, son solo 24 horas por día y tienes que vivir esas, distribuirlas de la mejor manera posible y aprovechar los pequeños momentos.

Estás actuando como si estos días de cuarentena y encierro por el Covid no te han dado suficiente espacio para reflexionar y recordar que la vida es una, que no sabemos ni de mañana ni hasta cuando.

¡Hazme caso!

Siéntate, respira. Busca un café o lo que sea que te quieras tomar, un té, una copa de vino y reflexiona. «¿Qué estoy haciendo?». Créeme cuando te digo que no eres imprescindible y que cuando no estés, alguien más lo hará. El mundo sigue girando.

Con toda la intención de ponerle caso a este mensaje,
Franco.

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